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Consejos para vivir mejor el confinamiento con adolescentes


La convivencia padres-hijos puede deparar conflictos pero también grandes descubrimientos personales

Si en condiciones normales, cuando cada uno se ocupa en sus rutinas y se puede salir a la calle, dos de las frases más repetidas por los padres de hijos adolescentes son “es agotador” y “no puedo más”, ¿qué dirán ahora que unos y otros llevan encerrados juntos, las 24 horas del día, tres semanas? Si los conflictos con el hijo adolescente se consideran inherentes a esta fase del desarrollo, ¿cómo sobrellevar bien esta convivencia intensa a que obliga en confinamiento?

Javier Elzo, sociólogo que durante décadas ha analizado las relaciones de los jóvenes y las familias, asegura que no hay receta fácil ni mucho menos única. En primer lugar, “porque hay jóvenes y jóvenes, familias y familias, y circunstancias de lo más diversas; no es igual estar confinados en un piso de 200 metros cuadrados donde cada uno tienen su habitación que convivir cinco personas en 60 metros”.




Pero además, explica Elzo, es que las soluciones más razonables para reducir la conflictividad con los adolescentes, que serían salir a correr, a desgastar energía, y mantener ocupado el día con obligaciones académicas, no dependen de las familias. “En otros países dejan salir a correr, y eso cambia mucho la situación y el ánimo de los jóvenes, pero aquí no está permitido; y la opción de reproducir la escuela en casa, de ocupar a los adolescentes en disciplinas académicas, no es cosa de los padres, depende de los centros docentes”, justifica el sociólogo.


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Con todo, sí hay pautas –como el método del semáforo, que se explica más abajo– que pueden contribuir a facilitar la convivencia entre padres e hijos adolescentes, a mejorar el clima familiar, e incluso a reformular las relaciones y a descubrir al hombre o la mujer en desarrollo que hay detrás de cada adolescente, algo que –según los psicólogos y educadores acostumbrados a tratar con ellos–, puede sorprender en positivo a muchos padres e incluso hacerles más divertido y feliz el confinamiento.

1. Escucharlos

“Hemos de tener en cuenta cómo miramos y qué esperamos de los adolescentes; si los miro como que son vagos y hedonistas... los voy a tratar así; pero hay que escucharlos y darles voz para saber qué sienten, qué piensan, cómo ven la situación... Sus análisis pueden ayudar a la familia”, afirma la pedagoga experta en educación emocional Eva Bach, autora entre otros de Adolescentes, “qué maravilla” (Plataforma), y ponente del EmocionaTour de EduCaixa y La Granja. Y enfatiza que los adolescentes son muy lúcidos y divertidos, de modo que si los padres, en lugar de aleccionarlos, les dan voz propia en la familia, les pueden dar otra perspectiva de la situación y del confinamiento.


“Si los padres, en lugar de aleccionarlos, les dan voz propia, verán que son lúcidos y divertidos ”EVA BACH Pedagoga y escritora

En esta línea, Cristina García Van Nood, psicóloga y coordinadora de servicios clínicos de la plataforma ifeel, comenta que, para reducir los conflictos entre padres e hijos adolescentes, es importante anticiparse y mostrarse comprensivo y facilitador. “Podemos preguntarle, por ejemplo, qué necesita para que sea más fácil sobrellevar” el encierro y la convivencia, y si pide conectarse con amigos, momentos de intimidad, buscar alternativas en la organización doméstica para facilitárselo.

2. Darles espacio, a puerta cerrada

“A diferencia de los niños pequeños, que quieren interactuar con los padres, que buscan contacto, los adolescentes necesitan un espacio exclusivo para ellos, y favorece mucho la convivencia entender eso y respetarlo, dejarles el espacio y la soledad que necesitan”, explica García.

Bach enfatiza que, en realidad, nadie puede aguantar bien todo el día con las mismas personas y haciendo todo juntos, de modo que aconseja que durante el confinamiento haya ratos en que cada miembro de la familia –y por supuesto el adolescente– haga lo que le venga en gana “y a puerta cerrada, sin público, sin nadie que vigile ni diga nada sobre ello”.



3. Revisar normas y obligaciones

Igual que no es bueno estar todo el día juntos, tampoco lo es estar todo el día encerrado, cada uno en su espacio. Por eso los especialistas consultados plantean que hay que poner límites y normas, repartir tareas y espacios comunes para que todo el mundo contribuya al bienestar de los otros, limitar el uso de pantallas...

“La rutina ha cambiado y estamos conviviendo 24 horas, de modo que hemos de revisar las normas, explícitas o no, que funcionan en casa, porque el reparto de obligaciones que funciona normalmente quizá ahora no es justo o adecuado”, advierte García. Y subraya que se trata de “renegociar” las obligaciones de cada uno –adultos y niños o jóvenes– con la vista puesta en que la convivencia funcione, en anticiparnos para evitar conflictos innecesarios.
Anticiparse


“La rutina ha cambiado y hemos de revisar las normas y el reparto de obligaciones para evitar conflictos innecesarios”
CRISTINA GARCÍA VAN NOOD Psicóloga, coordinadora servicios clínicos Ifeel


Destaca que también hay muchos adolescentes que en esta situación de excepcionalidad están asumiendo más responsabilidades en el ámbito doméstico, se muestran más activos y colaboradores y de motu propio se encargan,por ejemplo, de preparar la comida.

3. Conversar y buscar interacciones agradables

La psicóloga de ifeel alerta, no obstante, que la relación con el hijo o hijos adolescentes no puede limitarse a la retahíla de obligaciones. “Las dinámicas familiares están inundadas de quejas, de dirigirse a ellos para hablar de las rutinas, de por qué no ha hecho los deberes o recogido su cuarto... Y hemos de encontrar espacios de interacción positiva, de jugar a algo, de hacer alguna actividad divertida juntos...”, apunta.



Bach agrega que, además de escuchar a los hijos, “hemos de poder conversar y relacionarlos con ellos de otra forma”. Y si no se está muy acostumbrado, una buena forma de iniciar conversación es preguntarles si tienen algún sueño, qué proyecto les gustaría llevar a cabo en el futuro, qué pasos pueden dar ahora para ello...

4. Convertirles en maestros

En línea con ese ver el confinamiento como una oportunidad de relacionarse de forma diferente con los hijos, Bach destaca que se puede aprovechar para aprender de ellos y con ellos nuevas habilidades en las que los adolescentes son muy buenos, como las tecnológicas, el uso de aplicaciones, redes sociales...

“Podemos convertirlos en maestros nuestros, aprovechar para que nos enseñen, que nos recomienden series y verlas o comentarlas juntos, que nos compartan vídeos y publicaciones de risa en las que son expertos... y contagiarnos de esa vitalidad y buen humor adolescentes”, detalla.

5. Controlar las propias emociones

Otra de las recomendaciones de educadores y psicólogos para mejorar la convivencia con adolescentes es controlar las propias emociones. “A veces somos adultos por edad pero no emocionalmente, y quizá nos dejamos llevar por nuestro miedo, angustia, impotencia... Y las emociones se contagian al resto de personas que hay en casa y se enrarece el clima general”, reflexiona Eva Bach.

Por ello aconsejan no dejarse llevar por esos instintos primarios, limitar las horas y momentos del día en que nos informamos sobre lo que está pasando para no inundarnos constantemente de noticias negativas o sobre el coronavirus. “Si recalcamos solo mensajes negativos nos va a perjudicar, porque entramos en bucle, y nuestro sistema inmunitario también se debilita si estamos todo el tiempo con pensamientos desagradables”, advierte.

La adolescencia es el pasaje en el que se deja definitivamente la niñez para convertirse en adulto.



Las emociones se contagian: si uno se deja llevar por el miedo y la angustia, se enrarece el clima

Añade que es un buen momento para aprender a gestionar nuestro tiempo “desde dentro y para encontrarnos con nosotros mismos”, y aconseja dedicar un momento del día a valorar qué ha habido de bueno en él, qué hemos descubierto que normalmente nos pasa desapercibido... “Esto calma y da serenidad”, y eso ayuda a llevar mejor la convivencia y a asumir con más tranquilidad los conflictos que puedan surgir.

6. Sopesar las batallas

Uno de los dilemas que se plantean muchos padres estos días de confinamiento es si endurecer o aflojar las reglas, si en circunstancias excepcionales de convivencia es mejor ser estricto o más laxo. La psicóloga Cristina García aconseja sopesar cada caso y elegir las batallas que se lidian.
 
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